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Crisis de pánico
Las crisis o ataques de pánico son situaciones puntuales de miedo extremo –terror- experimentadas sin razón aparente, en donde el afectado siente ansiedad intensa y síntomas físicos tales como taquicardia, falta de aire, sudoración, mareos, despersonalización y/o hormigueo en las extremidades.
Ansiedad generalizada
Es mucho más que la ansiedad normal del día a día. Suele ser crónica y hace que la persona sufra una preocupación y tensión exageradas por asuntos como la salud, el dinero, la familia o el trabajo, incluso sin haber nada que lo provoque. El simple pensamiento de afrontar un nuevo día provoca ya una ansiedad excesiva.
Agorafobia
Se trata de un miedo incontrolable a encontrarse en situaciones de las que difícilmente se pueda escapar o conseguir ayuda en caso de necesitarla o de la reaparición de los síntomas de un ataque de pánico. Todo ello ocurre con la consiguiente y progresiva evitación de todas estas situaciones y la limitación de las actividades que comporta la vida cotidiana.
Fobia social
Las personas con este problema tienen un miedo persistente, intenso y crónico a ser observados y juzgados por los demás, a la vez que se sienten avergonzados o humillados por sus acciones. La fobia social puede perturbar gravemente la vida normal, interfiriendo con las actividades escolares, el trabajo o las relaciones sociales.
Trastorno Obsesivo
Este trastorno origina pensamientos obsesivos u obliga a realizar rituales que no se pueden controlar. Las imágenes o pensamientos se denominan obsesiones y los rituales que se llevan a cabo para tratar de prevenirlos y evitar la ansiedad se denominan compulsiones. Es posible que la persona se obsesione por la suciedad, por lo que lavará sus manos una y otra vez; o se sienta lleno de dudas, verificando las mismas acciones repetidas veces, así como sentirse preocupado en exceso por el orden y la simetría.
Estrés postraumático
Se trata de un trastorno que puede desarrollarse después de un acontecimiento traumático. Algunas personas suelen repetir el trauma en forma de pesadillas o recuerdos perturbadores durante el día. Pueden experimentar problemas en conciliar o mantener el sueño, sentirse aislados, entumecidos o sobresaltados; así como perder el interés por las cosas que antes solían disfrutar, tener dificultad en mostrar su afectividad y sentirse irritables, más agresivos o incluso violentos.
Fobias específicas
Son miedos específicos e intensos a algo en concreto que en realidad no puede producir un daño real. Algunos de ellos se centran en lugares cerrados, altura, ascensores, túneles, conducir por autopistas, agua, volar, perros y heridas que sangran.
Aunque la persona se da cuenta de que estos miedos son irracionales, el simple hecho de afrontarlos o incluso pensar en ello, provoca ya un ataque de pánico o una ansiedad severa.
Hipocondría
Es, en esencia, una actitud que el individuo adopta ante la enfermedad. La persona hipocondríaca efectúa constantemente un análisis de su estado fisiológico básico, preocupándose en exceso por su salud. Su miedo consiste en la convicción de padecer una enfermedad grave, a partir de interpretaciones de sus sensaciones corporales y de la información médica que tiene a su alcance.
Aunque el profesional, una vez analizados los resultados de las pruebas médicas, le asegure no tener ningún trastorno, el hipocondríaco solamente se quedará tranquilo momentáneamente, pero su preocupación volverá a presentarse.
Trastornos psicosomáticos
Se denominan trastornos psicosomáticos cuando existen factores psicológicos que contribuyen a la iniciación o a la exacerbación de una enfermedad física. Cuestiones tales como estrategias de afrontamiento, estrés ambiental, características de la personalidad, creencias y factores culturales; pueden jugar un papel importante tanto en el origen como en el curso de la enfermedad.
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